DIAN FOSSEY
“LA MUJER DE LOS GORILAS”
Dian Fossey fue una zoóloga estadounidense reconocida por
su labor científica y conservacionista con los gorilas de las montañas Virunga
(Ruanda) y la República Democrática del Congo.
Nació en San
Francisco (Estados Unidos) el 16 de enero de 1932 y murió en Ruhengeri (Ruanda)
el 26 de diciembre de 1985.
Tras graduarse en Terapia Ocupacional
en la Universidad Estatal de San José, en California, Fossey
sintió la llamada de África cuando leyó la obra de George Schaller, un
destacado zoólogo norteamericano dedicado al estudio de los gorilas. En
1963 invirtió todos su ahorros y viajó al continente africano donde conoció al
famoso paleontólogo Louis Leakey, del que aprendió que para comprender la
evolución humana primero era necesario estudiar a los grandes simios.
A su regreso a Estados Unidos, y tras
ocho meses aprendiendo suajili con el apoyo de National Geographic, Fossey se
instaló en África, primero
en el Congo, en las montañas Virunga, donde existía una de las colonias más
grandes de gorilas conocidas. Meses
más tarde, y debido al inestable clima político, tuvo que trasladarse
definitivamente a Ruanda. Allí, entre los montes Karisimbi y Visoke, cerca de las fronteras con
Zaire y Uganda, fundó
el Karisoke Research Center, que funcionó desde 1967 hasta
1980.
Fossey lo tenía todo en
contra. Los gorilas eran unos animales poco acostumbrados al contacto con
los humanos, los cazadores furtivos no aceptaban su trabajo con los simios
y durante los primeros años, Fossey tuvo
que realizar sus estudios en soledad y sin ningún tipo de apoyo. La infinita paciencia de Fossey y el estudio que llevó a cabo en el hábitat natural de los gorilas contribuyeron a cambiar por completo la percepción que se tenía de estos grandes simios ya que la sociedad , debido a películas como King Kong, por ejemplo, los consideraba seres peligrosos y violentos.
A pesar de todo, Fossey no se rindió y tras fundar su centro de
investigación, que atraería la atención tanto de estudiantes como de
investigadores, la zoóloga logró ganarse la confianza de
los gorilas y mediante el método prueba-error consiguió hacer numerosos avances
en el estudio de su comportamiento. En
un artículo para la revista National
Geographic,
Fossey afirmó: "El gorila es uno de los animales más difamados del mundo. Después de más de 2.000 horas de
observación directa, puedo dar cuenta de que menos de cinco minutos de su
tiempo es lo que podría considerarse comportamiento agresivo".
Fossey dedicó su vida al estudio y a
la protección de los gorilas, hasta tal punto que hizo creer a los aldeanos y a
los turistas que era una bruja, y
para que no molestaran a los simios compró unas máscaras para ahuyentar a los visitantes
no deseados. Fossey
luchó con todas sus fuerzas contra los cazadores furtivos, puso trampas para
capturarlos e interrogarlos, e incluso se enfrentó al mismísimo gobierno de
Ruanda, al que acusó de corrupto. Su furia contra los
cazadores furtivos desembocó en una cacería sin cuartel contra ellos el día que
encontró muerto a Digit. Digit era uno de los gorilas que Fossey había
estudiado y con el que había logrado una auténtica conexión. Simio y humana
llegaron a compenetrarse hasta tal punto que el animal le permitía jugar e
interactuar con sus crías. Digit murió en una emboscada que le tendieron los
cazadores furtivos. Poco después, Dian
Fossey creó la fundación Digit que serviría para recaudar fondos que ayudaran a
la conservación de los gorilas, los desconocidos y misteriosos seres que ella
defendería hasta el fin de sus días.
Sumida
en una profunda depresión tras la muerte de Digit, Fossey se encerró en su cabaña, donde empezó a beber más
de la cuenta, y se aisló del resto de colaboradores, con los que tampoco
mantenía una buena relación. Acusó al gobierno ruandés
de dar la orden de matar al gorila, y acabó ganándose un enemigo mucho más poderoso. Con todo, Fossey logró reunir fondos
para la conservación de los gorilas, aunque la mayoría de ese dinero al final se destinó al rodaje de películas que
sirvieran para concienciar a la opinión pública del peligro al que estaban
sometidos estos animales. Fossey, sin embargo, quería que estos fondos se
destinaran a proteger a la especie y a actuar de un modo contundente contra los
cazadores furtivos que estaban acabando con ellos.
En 1983, Fossey publicó “Gorilas
en la niebla”, un libro donde la primatóloga explica su experiencia en
África y que constituye uno de los estudios de campo más importantes realizados
nunca. El libro se llevó a la gran pantalla en 1988 de la mano del director
Michael Apted y el papel de Fossey fue interpretado por la actriz Sigourney
Weaver.
Una semana antes de la
muerte de Dian Fossey, la Oficina de Turismo de Ruanda, le denegó la renovación
de su pasaporte, pero gracias a la ayuda de un amigo que era secretario de inmigración,
la primatóloga consiguió que se lo renovaran dos años más. Sin saberlo, este favor
significaría su sentencia de muerte.
Fossey fue encontrada
muerta en el dormitorio de su cabaña en las montañas de Virunga, Ruanda, el 26
de diciembre de 1985. El cráneo de
Fossey había sido dividido por un panga (machete), una herramienta ampliamente
utilizada por los cazadores furtivos, que había confiscado a un cazador furtivo
en años anteriores y colgado como decoración en la pared de su sala de estar
junto a su dormitorio. Su cadáver fue encontrado junto a la cama, con su
pistola a su lado. Estaba en el acto de cargar su arma, pero escogió el tipo
incorrecto de municiones durante la lucha. La cabaña mostraba signos de lucha
porque había vidrios rotos en el suelo y las mesas, junto con otros muebles,
volcados. Todos los objetos de valor de Fossey todavía estaban en la cabaña, doscientos
dólares en efectivo, cheques de viaje, y el equipo fotográfico permanecían
intactos. Estaba a dos metros de distancia de un agujero cortado en la pared de
la cabaña al momento de su asesinato.
Treinta y cuatro años después, el
asesinato de Dian Fossey sigue sin estar claro. Descartado el móvil del robo,
se arrestó a todos los trabajadores de la fundación, incluido un rastreador que
había sido despedido unos días antes y que posteriormente se suicidó en la
cárcel. Entre los
acusados como responsables de su asesinato figuran un hombre conocido como
"Señor Z", acusado de instigar y participar en
el brutal genocidio ruandés, y
Protais Ziriganyirago, cuñado del entonces presidente de
Ruanda, Juvénal Habyarimana, y jefe de la mafia de los cazadores furtivos.
El
cuerpo de Dian Fossey fue enterrado en el cementerio que ella misma creó para
los gorilas, junto a su querido primate Digit. En su lápida se la llama Nyiramachabelli, que es el nombre con el que los
ruandeses se referían a ella y que significa "la mujer que supo adaptarse
al bosque". Aunque su legado sigue vivo, la obra por la que tanto luchó
prácticamente se ha desvanecido, ya que los gorilas de montaña son, en la
actualidad, una especie en peligro de extinción.
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